Ten cuidado con lo que deseas… porque, desgraciadamente, puede cumplirse. La gran sorpresa, la auténtica perla oculta de la programación de Sitges 2025, ésa que por sí sola justifica todo un festival, ha resultado ser la enésima variante de ‘La pata de mono’, el célebre cuento de W. W. Jacobs cuya intriga y moraleja no dejan de resonar en el corazón del fantástico.
Lo que comienza entrando directamente en el canon de la comedia romántica indie, ese microcosmos colmado de personajes y situaciones tan entrañables como cómplices, toma pronto y sin previo aviso un desvío inesperado hacia otros derroteros para bucear en las pantanosas aguas de la culpa, insistiendo en esa forma tan mercantilista de apreciar como objeto, como bien de propiedad privada, a las partes de una relación amorosa y, por ende, de todo vínculo humano, poniendo sobre el tapete lo que estamos dispuestos a sacrificar o materializar con tal de sentirnos correspondidos. Suena solemne pero el resultado no podría ser más tronchante.
Un relato faustiano clásico, capaz de retrotraer nuestra memoria hasta los mayores logros de las primeras producciones de A24, que equilibra de forma brillante sus pasajes más espeluznantes, legando a la posteridad una indeleble colección de jump scares, con unas salidas de tono que aúnan el humor negro salvaje, las explosiones de hemoglobina y el amour fou más enfermizo y macabro.
Visionándola es imposible no tener presente lo que supuso en su momento ‘It follows’: el cine independiente norteamericano acaba de parir otro pequeño clásico del terror contemporáneo. Lo que sitúa al joven Curry Barker (25 años y ya en su haber con un slasher presupuestado en menos de 800 dólares que se convirtió en todo un fenómeno viral) en la estela de Zach Cregger o los hermanos Danny y Michael Philippou. Y el Gran Premio del Público a la Mejor Película logrado en esta edición viene a certificar que lo tiene todo para triunfar. Una delicia.




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