A Fabio Salerno no se le puede negar, como mínimo, el encanto de lo psicotrónico. Autoconsciente e inenarrable, su obra, apenas una nota a pie de página en la historia del cine fantástico italiano, es fruto de la pasión enfermiza y la filosofía DIY, el producto de un hombre orquesta que suplió lo naif de su empeño y la absoluta falta de recursos con imaginación y trabajo artesano. En sus películas nunca importa que la trama resulte incomprensible, que los actores cumplan con su cometido bajo mínimos o que los efectos especiales sean de saldo, auténticos trucajes de feria a mayor gloria de una filmación doméstica. Hay algo en las texturas sensoriales de su fotografía en 16mm y en su universo malsano y decadente que resulta irresistible, ya desde sus primeros cortometrajes a principios de la década de los ochenta.
Demonios, muertos vivientes, gusanos gigantes, gatos vampiro, muñecos asesinos… Las criaturas del bestiario de Salerno surgen de pesadillas febriles, de lúgubres sueños que colisionan una y otra vez con la realidad en un gesto que tiene mucho de autobiográfico, de exorcismo personal. Estampas entre una cotidianeidad morbosa y un abyecto mundo de ultratumba que al milanés gusta puntuar con oscuros sintetizadores y machacones puñetazos de electrónica industrial, cuando no se trata directamente de expoliar la discografía de Claudio Simonetti, Fabrio Frizzi o el dúo formado por Fred Myrow y Malcolm Seagrave, ampliamente celebrado por su banda sonora para ‘Phantasma’.
En ‘L’altra dimensione’, seguramente su título más conocido, presenta tres historias de amor loco y muerte a la manera de un ‘Creepshow’ escrito por Edgar Allan Poe pero con una hipnótica atmósfera de feísmo y sordidez que remite continuamente a la filmografía de Jörg Buttgereit. De hecho es inevitable imaginarse ‘Nekromantik’ dirigida por un Lucio Fulci pasado de ácido y añadiendo gotitas de canibalismo, body horror, heavy metal y humor involuntario. Por lo demás, un largometraje impregnado de un extraño deje poético, ensimismado en la inflamación melodramática y en cierto fetichismo de la imagen, repleto de planos imposibles, travellings de andar por casa, animaciones caseras y colores irreales empaquetados en un montaje rayano en lo demencial. Cine de guerrilla sin permisos ni medios, erotismo truculento y gore medianamente logrado con maquillajes y prótesis de baratillo como armas para tres relatos en torno al romanticismo tóxico que rinden pleitesía de forma explícita (y saquean) a los ídolos de Salerno, esto es, Dario Argento, Lamberto Bava o Sam Raimi, del mismo modo que en ‘Notte profonda’, enésima vuelta de tuerca al subgénero de casas encantadas, tiraba del plagio homenaje para recrearse en una de las secuencias más icónicas del ‘Videodrome’ de Croneneberg. En ambos filmes llama poderosamente la atención su hálito nihilista, una constante de su filmografía, encarnado en personajes subyugados por la depresión y la angustia, devorados por las drogas y por fuerzas sobrenaturales que consumen su aliento vital y el de aquellos que les rodean. Quizás no tan sorprendente en un joven cineasta cuya carrera quedó truncada con su suicidio, con apenas 33 años.
[Bajo el título ‘The other dimension and the films of Fabio Salerno’, Bleeding Skull ha editado en blu-ray la obra íntegra del realizador italiano]



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