‘La hermanastra fea’, de la noruega Emilie Blichfeldt, se coronó como mejor película de la sección oficial de la 58º edición del Festival de Sitges. Nuestra favorita (no para ganar, sino como la obra más atrevida y brillante de la programación), ‘Reflection in a dead diamond’, se llevó el galardón de la crítica, ex aequo con un título en las antípodas del cine de Cattet y Forzani, ‘La vida de Chuck’. Por su parte, ‘Obsession’, como era previsible, se hizo con el premio especial del jurado y, cómo no, con el del público. Destacar finalmente que ‘The true beauty of being bitten by a tick’ conquistó el máximo trofeo de la sección Noves Visions, compartido en este caso con ‘Lesbian space princess’. Terminamos así esta cobertura, con una pequeña selección de las microcríticas que en días pasados publicamos en Instagram.
‘Bulk’ de Ben Wheatley. El director británico alterna proyectos más arriesgados con otros de cierta vocación comercial. Y luego está ‘Megalodón 2’, claro. En este caso tocaba obra experimental. Un noir con ropajes de ciencia ficción de serie B… absolutamente insufrible. Una concatenación de excentricidades y diálogos sin sentido que no hay por donde cogerla.
‘La virgen de la tosquera’ de Laura Casabé. No funciona ni como adaptación del universo de Mariana Enríquez ni en su intento de aunar retrato adolescente y terror social.
‘Man finds tape’ de Peter S. Hall y Paul Gandersman. Un found footage de bajísimo presupuesto que aprovecha con bastante ingenio sus escasos recursos (pocos espacios, grupo reducido de actores, múltiples formatos de grabación). Una vez más, la imagen analógica en el centro del terror… aunque su última media hora se abandona a otro tipo de horrores más allá de la razón. Inquietante.
‘New group’ de Yuta Shimotsu. Algo así como una versión apócrifa del universo de Junji Ito sobre el advenimiento del pensamiento único y la pérdida de la individualidad, narrada sin ningún tipo de sutileza. Nada nuevo bajo el sol, en la línea de producciones niponas similares.
‘No other choice’ de Park Chan-wook. Nueva adaptación de ‘The ax’, la novela de Donald Westlake que ya llevase al cine Costa-Gavras en 2005. En este caso, una magnífica comedia negra marca de la casa en torno a los dilemas morales del mercado laboral que genera el capitalismo salvaje. La otra cara de ‘Tokyo sonata’ de Kiyoshi Kurosawa.
‘Primate’ de Johannes Roberts. El despiporre del año. Apuntaba a tontería mayúscula destinada al público adolescente pero se toma tan poco en serio a sí misma, y hace tal despliegue de gore, desfachatez, humor autoconsciente y amor por el género, que es imposible no rabiar de gusto en la butaca.
‘Rabbit trap’ de Bryn Chainey. Otro folk horror (y van) que para huir del canon aboga por la pretenciosidad y el cripticismo más vacuo, en las antípodas de la profundidad psicológica y el calado emocional al que aspira. Tiene el dudoso mérito de contar con el trío protagonista más irritante del año.
‘Shelby Oaks’ de Chris Stuckmann. No dejaré de preguntarme si hubiese funcionado mejor como ese found footage de manual (a medio camino entre ‘El proyecto de la bruja de Blair’ y ‘Lake Mungo’) que prometía su prólogo o como esa película de terror algo rutinaria, robando de aquí y allá, en la que termina convirtiéndose.




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