Aseguraba Eduardo Casanova antes de la proyección de ‘Silencio’ en el Festival de Sitges que con esta miniserie para Movistar+ su cine también se sumerge en una nueva etapa, que su obra venidera será “más cómica y menos intensa”. Y, en cierto modo, no mentía. Curiosamente emparentada con ‘Alpha’ de Julia Ducournau en su reflexión sobre la marginación y el estigma social, sí que es fiel de principio a fin a ese universo que su autor ha ido pergeñando desde ‘Pieles’: un imaginario pop barroco, grotesco y deforme, que bebe tanto de lo kitsch como de toda una tradición de la tragicomedia española, con predilección por las criaturas vulnerables y las corporalidades disidentes. En el caso que nos ocupa, además, repartiendo generosas dosis de hemoglobina y optando por efectos tradicionales, con un excelso trabajo de prótesis y maquillaje. Su mayor pega es que los tres episodios de esta primera temporada (poco más de una hora de metraje) se antojan bastante escasos. ¡Queremos más!

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