En reiteradas ocasiones uno no puede evitar preguntarse qué ha llevado al cine a depender en exceso de sí mismo y del legado de sus predecesores. Como si estuviese anclado a no hallar nuevas fórmulas, condenado ad eternum a que cada película beba de otra en una constante pero inútil renovación. ¿Por qué Haneke clonó ‘Funny games’ en su debut norteamericano? Seguramente porque nuestras convicciones acerca de la violencia y la fascinación que ejerce no han cambiado. ¿Cómo justificar la fotocopia de ‘Psicosis’ firmada por Gus Van Sant? Sin duda, en su reflexión de ascendencia conceptual a propósito de la originalidad en el arte.
Ahora bien, partiendo de estas ideas, ‘Bugonia’, el largometraje más convencional de Yorgos Lanthimos, es un innecesario remake de la coreana ‘Salvar al planeta Tierra’, que calca de principio a fin sin apenas variación alguna. Quizás, eso sí, llevando el material que maneja al terreno de la hipérbole visual y sonora. Cierto que es un filme juguetón, bendecido con un alto sentido de la ironía. También que Emma Stone y Jesse Plemons están enormes una vez más manteniendo la tensión de este duelo entre la ejecutiva de una todopoderosa compañía farmacéutica y el conspiranoico que transmite tanta ternura como repulsa.
Dadas las circunstancias se agradece que se trate de su cinta menos chillona y estridente, tal y como exigía la propia historia, casi una obra de cámara con los mínimos elementos, y, en términos generales, no ofrece mayores inconvenientes, pero a la hora de la verdad su existencia no está justificada. Corrijo, sí: el desenlace del filme de Jang Jun-hwan brindó finalmente al cineasta griego la posibilidad de dar rienda suelta a toda su misantropía.

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