‘Buffet infinity’, la ópera prima de Simon Glasmann, narra la rivalidad entre dos restaurantes de un pueblo ficticio de Canadá a partir de cientos de horas de (falsos) cortes publicitarios y fragmentos de un noticiario regional, conformando una hipnótica secuencia a mayor gloria de la estética VHS que trasciende la caricatura del capitalismo y su consumismo voraz. De forma sutil pero en crescendo, la película se va transformando en algo más siniestro hasta desembocar en una epopeya apocalíptica que aglutina horrores cósmicos, sectas y paranoia de masas, con insertos musicales y una explosión final de psicodelia analógica difícil de olvidar. Una de las joyitas que da su razón de ser a la sección Noves Visions del Festival de Sitges.

Leave a comment