En primer lugar, una generación insaciable que se aproxima al fin de la inocencia. En segundo, una élite anestesiada que desde su torre de marfil contempla el apocalipsis mientras lidia con su propio culebrón familiar de raigambre buñueliana. El realizador donostiarra Ion de Sosa enfrenta a unos y otros con su reflejo en el agua de una piscina metafórica que describe el tránsito de la audacia juvenil al conformismo y el miedo de una clase opulenta. Secundado en tareas de guión por el ‘star system’ del otro cine español (Chema García Ibarra, Julián Genisson, Burnin’ Percebes y Lorena Iglesias), el director de ‘Sueñan los androides’ sigue a lo suyo: costumbrismo marciano, imágenes abstractas, capas y capas de símbolos o ese humor entre chanante y esquinado que tanto caracteriza su manera de entender lo fantástico como fértil campo para el comentario social. Una delicatessen para todos y para nadie.

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