A ratos un folk horror canónico prototípico de la época, en ocasiones reminiscente del fantástico centroeuropeo de los setenta, ‘The outcasts’ se adjudicó en 1982 el honor de ser la primera película de producción genuinamente irlandesa realizada ni más ni menos que en 50 años, anticipando igualmente muchas de las ideas que décadas más tarde explorarían ‘La bruja’ de Robert Eggers o ‘The other lamb’ de Malgorzata Szumowska.
Tomando como punto de partida la tradición oral y sus mitos, y ambientada a principios del siglo XIX, en el preámbulo de la Gran Hambruna que asoló el país, la película de Robert Wynne-Simmons es un cuento de medianoche al amor de la lumbre, de atmósferas etéreas pero volcado en su vocación de retrato realista y descarnado de un periodo oscuro para la Irlanda rural, puntuado continuamente por imágenes de una belleza sobrecogedora que remarcan la textura espectral de un formato ya de por sí fantasmagórico como el 16mm.
La historia que propone el que fuera también guionista de otro clásico del folk horror como es ‘La garra de Satán’ incide, cómo no, en el fatal destino de la mujer con ansias de libertad en comunidades herméticas y esencialmente castradoras, donde el peso de la superstición recae sobre todos aquellos que se atreven a soñar, a volar alto y lejos. A destacar, su final abierto, chocante y anticlimático, y su atrevida visión del sexo (recordemos, hablamos de un filme rodado en los ochenta en un país muy conservador).




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