La notoriedad que entre crítica y público alcanzó el pasado año ‘La sustancia’ es sin duda el detonante de esta búsqueda desaforada por parte de las majors para encontrar el nuevo Santo Grial del body horror. Tras causar sensación en Sundance y en el South by Southwest de Austin, ‘Together’ llegaba precedida de un hype que sólo se cumple a medias, seguramente porque, más allá de lo que sugiere su fachada, no aporta nada relevante al imaginario de la Nueva Carne y, además, se muestra incapaz de aprovechar y encajar bien los elementos tan dispares que intenta manejar.
Partiendo de un magnífico prólogo que rinde tributo a ‘La cosa’ de John Carpenter, sin miedo ni rubor a tomar prestadas todo tipo de referencias bastante reconocibles del folk horror o los primeros trabajos de Sam Raimi, el debut en el terreno del largometraje de Michael Shanks contempla el amor como una enfermedad. Las luces y las sombras de la convivencia, de las relaciones de pareja, transitando de la euforia y la dependencia a la monotonía y la frustración, dejan marca en nuestros cuerpos, una huella palpable, como los altibajos de la mente, como los cambios que conlleva una mudanza lejos del que hasta ahora ha sido nuestro hogar.
Al retratar de forma tan literal la claustrofobia en la que parece anclada su pareja protagonista, dos personas en momentos vitales completamente distintos, tan proclives al individualismo más egoísta como a liberarse en estallidos de puro magnetismo, Shanks se aproxima antes a los postulados de ‘La mosca’, con su trágica visión del sexo como motor de la identidad y el complejo vínculo entre el deseo y la transformación física, que a cualquier otra película de David Cronenberg.
Por el camino Shanks regala dosis bien medidas de carne putrefacta, pesadillas con jump scare incluido y algún giro en la narración que no por previsible resulta menos delirante. Pero sobre todo un último tramo dominado por el humor caricaturesco que pone sobre el tapete la mayor virtud de un filme que, afortunadamente, no parece tomarse demasiado en serio a sí mismo: la estupenda química entre Alison Brie y Dave Franco.




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