El cine de terror enfocado en la tercera edad ha dejado para la posteridad alguna que otra sugerente reflexión sobre la soledad, la enfermedad o la muerte. Desde clásicos como ‘¿Qué fue de la tía Alice?’ a descacharrantes producciones de la Troma tipo ‘Abuelas rabiosas’. Del found footage de ‘La visita’ de Shyamalan al folk horror con metáfora inquietante de ‘Relic’.

James DeMonaco, el director al que debemos prácticamente toda la saga de ‘La purga’, plantea otra vuelta de tuerca a los miedos de la vejez, calzándolos en una historia que lo mismo se pierde en traumas familiares y vínculos “más espesos que la sangre” que en supuestas conspiraciones gubernamentales y secretos del pasado. El resultado es una película tramposa, con un trabajo de dirección y montaje realmente nefasto, que se lo juega todo al efectismo de baratillo, persiguiendo (sin éxito) el impacto directo sobre el espectador con imágenes perturbadoras o desconcertantes y alguna ración de sexo grotesco. Y no ayudan, por supuesto, las más que evidentes carencias interpretativas de Pete Davidson.

¿Cómo salvar los muebles ante tamaño despropósito? DeMonaco se saca de la manga un retorcido plot twist de verlo para creerlo y unos minutos finales a mayor gloria del ultragore y la risa cómplice, justo lo que la platea necesitaba como revulsivo cuando la caída del filme en un pozo sin fondo parecía imparable.

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