El Frankenstein camp que jamás hubiese filmado Guillermo del Toro. En su segundo trabajo tras la cámara, y con los mínimos elementos, la actriz Grace Glowicki se apropia del relato gótico por excelencia y deja que este se empape del espíritu del slapstick y de los cartoons de Tex Avery para la Warner, por un lado, y de la mejor tradición de la pantomima británica, por otro, moviéndose entre el puro artificio, las coordenadas estéticas y erótico-festivas del fantástico de los 70 y cierta imaginería lisérgica, todo impregnado de sensibilidad pop y devoción por el trabajo artesano. A ello contribuye especialmente la fotografía en 16mm de Rhayne Vermette y los decorados diseñados por Becca Brooks Morrin, una sinergia muy afortunada que engendra algo así como la ‘hermanastra fea’ de ‘The twentieth century’ de Matthew Rankin. Además, una película bastante divertida que no necesita mucho para despertar nuestra simpatía.

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