Si la crisis inmobiliaria de 2008 trajo consigo toda una renovación del subgénero del fantástico que tenía como protagonista a la icónica casa encantada, aquello que bien podríamos bautizar como ‘cine del COVID’ ha dejado ya para la posteridad varios títulos, singulares cuando menos, cuyo denominador común vendría a ser el resurgir de una identidad paranoica global. De ese extraño maridaje de folk horror y terrores pandémicos que ofrecía ‘In the Earth’ de Ben Wheatley a los gélidos fotogramas de ‘Splendid isolation’, bellísima ciencia ficción de cámara dirigida por la polaca Urszula Antoniak, lo cierto es que el séptimo arte se ha encargado de recordarnos por activa o por pasiva que el coronavirus no nos ha hecho mejores personas, como una y otra vez nos repetimos durante aquellos días que hoy parecen un mal sueño. Nada más lejos, pues la enseñanza es otra: de los hombres, y de ellos solo, es de quien hay que tener miedo. Siempre.

Y Ari Aster, una rara avis en el seno de la industria cinematográfica norteamericana, con una obra cada vez más áspera y divisiva, confirmando película tras película que Yorgos Lanthimos o Ruben Ostlund no son los únicos misántropos aventajados de la clase, recurre precisamente a la enfermedad que nos confinó durante meses para confeccionar la crónica sobre la autoinmolación de Estados Unidos más salvaje que hemos visto en pantalla en años. Y lo hace, seguramente, desde la única perspectiva posible: el esperpento hiperbólico.

En el marco del fatídico mayo de 2020, con los ropajes de un western contemporáneo alucinado al que sientan de maravilla sus coqueteos con la comedia negra llevada al paroxismo, el enfrentamiento entre el sheriff (Joaquin Phoenix) y el alcalde (Pedro Pascal) de la población que da nombre al filme permite a Aster radiografiar, desde una lectura satírica y cruel, las miserias de todo un país donde el impacto de las redes sociales en el fenómeno de la posverdad ha alcanzado cotas muy peligrosas.

En su cruzada, los dardos lo mismo apuntan al neofascismo alentado por el trumpismo, proclive a imponer su credo con sangre mediante si es necesario, que a la hipocresía y el oportunismo de una izquierda más preocupada por la estética que por la ética. Su desguace de un sistema político, económico y social podrido hasta las entrañas no deja títere con cabeza: racismo endémico, patriarcado, retórica propagandística, falsos profetas, teorías de la conspiración, injerencias de grandes corporaciones en los asuntos gubernamentales…

En ‘Eddington’ resulta imposible simpatizar o conectar emocionalmente con ninguno de los personajes que pululan por el gran teatro del absurdo que construye Aster desde su nihilismo militante. Todos son mediocres, pusilánimes, patéticos, sin un ápice de humanidad ni nada que se le parezca. Seres nacidos al calor de la decepción y la desconfianza que generan las democracias occidentales, que en última instancia optan por las armas antes que por el diálogo, desencadenando, irremediablemente, la brutal espiral de violencia que cierra esta función.

De partida, teniendo en cuenta el escaso interés de Aster por todo aquello que implique mesura, nos encontramos ante una cinta árida y sin concesiones, con una absoluta falta de compromiso afectivo hacia sus criaturas, destinada a suscitar controversia, a no dejar indiferente, para lo bueno y para lo malo. Una obra mayor que hubiesen podido escribir a dos manos Thomas Pynchon y Cormac McCarthy, tan oscura como los tiempos que vivimos, que tampoco renuncia al humor (antológica la secuencia de la recaudación de fondos en casa del personaje interpretado por Pascal, con ‘Fireworks’ de Katy Perry cumpliendo un papel esencial a la hora de crear una tensión mayúscula que conduce a la carcajada incómoda) y que marcará gran parte de los debates cinéfilos que a finales del otoño decidirán lo mejor de la temporada.

One response to “‘Eddington’ de Ari Aster”

  1. Estreno de la semana: ‘Eddington’ de Ari Aster – MOTOR SAGRADO

    […] Podéis leer nuestra reseña de la película aquí. […]

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