Flashback: ‘The nest of the cuckoo birds’ de Bert Williams

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Pongámonos en situación. Un oscuro largometraje de serie B dirigido en 1965 por el actor Bert Williams (que ejerce en esta ocasión las funciones de hombre orquesta) cuyo rastro se pierde en el tiempo. Sin noticias hasta que una única copia en 35mm resurge en el almacén de un viejo teatro propiedad de un coleccionista privado. El material, condenado por el polvo y evidentes signos de deterioro, acaba en las oficinas de byNWR, la fundación con la que el realizador danés Nicolas Winding Refn intenta rescatar del olvido y restaurar películas extraviadas en los márgenes de la gran enciclopedia del cine. Hasta aquí la intrahistoria de ‘The nest of cuckoo birds’.

De factura amateur, solo comprensible si se exige poca coherencia argumental o narrativa, lo que apuntaba a un noir (la huida de un agente gubernamental perseguido por una banda de contrabandistas) toma un desvío imprevisible hacia el terror sureño, puro gótico americano, fuente inagotable de horrores que, más allá de la ideología supervivencialista propia del género, pone bajo el foco, de forma explícita o velada, turbias insinuaciones sexuales, deseos latentes, locura, maltrato familiar y fundamentalismo religioso.

Junto con las interpretaciones de baja estofa, unas líneas de diálogo desprovistas de lógica alguna y un uso del maquillaje ultraexpresionista y caricaturesco, esta febril pesadilla se nutre principalmente de encuadres insólitos, desenfocados, y de un montaje sincopado, con un sentido marciano del ritmo, que alcanza el paroxismo cada vez que aparece en pantalla una mujer desnuda y enmascarada que en las noches de luna llena caza a sus víctimas en las playas de una isla fluvial de California. Lo que hace Williams asumiendo también las labores de edición (bajo el seudónimo de Dick Laitinen) es fragmentar la cadencia de las imágenes al acelerar una serie de planos estáticos, logrando así un efecto cuanto menos aterrador. Añadimos unas guitarras taciturnas, un empleo del sonido que transita de lo fantasmagórico a lo estridente y material de archivo con un tratamiento del grano diferente al del resto del metraje, y obtenemos un merecido título de culto.

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