A bote pronto, sugestionados ya por esa hipnótica fotografía en blanco y negro que imprime una plasticidad fantasmagórica al incomparable paraje donde se desarrolla su trama, los Alpes suizos, ‘La teoría universal’, como ejercicio de estilo, parece un compendio superlativo de la fortaleza expresiva de aquellos géneros que atribuimos a lo clásico: el noir, la ciencia ficción de serie B, la intriga de espías, el melodrama romántico…

Pero el alemán Timm Kröger no se limita a abanderar una apología del cine demodé. Todos estos elementos están al servicio de lo que bien podríamos denominar como thriller cuántico, un delicioso relato de aventuras de ascendencia hitchcockiana con el multiverso como protagonista. Aunque, en el fondo, no deja de ser una bonita historia de amor y obsesión, con un cierre, eso sí, que habría hecho las delicias de Chris Marker.

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